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martes, 8 de mayo de 2007

Mi primer fajaja

Chale me siento como cuando en la primaria te dicen "Redacción, tema: Mis vacaciones" o algo así.

Bueno, tal vez esto no será gracioso; he leído anécdotas anteriores y son harto entretenidas, pero ésta, querido lector, no lo será, así que aún está a tiempo de pasarse a otro blog más edificante o de seguir leyendo los posts de los demás compas del Muro.

Resulta que yo tenía 19 años (sí sí muy tarde para un primer lo que sea, pero pues ya, así fue y no lo ocultaré) y estaba totalmente clavada, enamoradísima perdida de un compañero de la escuela, lo adoraba con locura, y bueno, él no me correspondía. Pero claro, yo creía que algún día, que tal vez, que en el momento propicio… blah. La esperanza inútil que te lleva derechito a la perdición jejejej. Era la noche de mi cumpleaños de 20 y, aprovechando que mis papás se habían ido a Acapulco, fui a una peña con mis amigos, y me la estaba pasando muy muy bien. Él también estaba ahí, sentado frente a mí, que más podía pedir? Estábamos tomando vodka y todo era alegría. En un momento se levantó y me dijo que no se tardaba, me dejó su reloj (fue a comprar mi regalo) y yo lo guardé como una señal de confianza. Cuando volvió me regaló un tigger de peluche, se sentó junto a mí y después nos paramos a bailar “A fuego lento”. Cuando nos volvimos a sentar ya estaba acariciándome la espalda y ya ahí fue el acabóse. Obvio, yo me sentía soñada, porque estaba con el chavo que me encantaba desde hacía 2 años. Después, como yo traía falda me empezó a acariciar las piernas por debajo de la mesa, pero ah claro, cuando ya estaba subiendo demasiado la mano se la quité, qué diablos, era yo muy decente en ese entonces. Bah. Total que así estuvo el faje, salimos del antro de la mano, mientras esperabamos el coche en el valet parking me siguió abrazando y ahí sí dejé que agarrara una nalga, y cuando me fue a dejar a mi casa iba manejando y acariciándome una pierna. Yo, feliz.

Peeeero el problema fue después, porque yo, oh tonta, creí que esto era el inicio de algo y no fue ni madres, no me habló después, y una semana más tarde yo le hablé encabronadísima para que nos veamos y hablemos, y me salió con la mamada de que “es que yo soy muy afectivo con mis amigas”. Jajajaj eso sí que es gracioso, riánse conmigo (o de mí) amables lectores.

Fue mi compañero en casi todas las materias en los siguientes 2 años y medio de la carrera, seguimos haciendo equipos juntos, viéndonos en nuestras casas para estudiar y hacer trabajos, coincidimos en algunas fiestas, etc. Lo odié un poco porque siguió gustándome, pero nunca volvió a pasar nada.

Por eso, si te llamas Rodrigo y estás leyendo esto… no te creas ya no te odio (tanto) y afectivas son mis nalgas que van juntas a todas partes. Ay que vulgar me ví, verdad. Bueno por eso esto es un muro y cada quien pone “su firma”. Ahí se ven.

lunes, 30 de abril de 2007

Ni tan pior... o si?

Lo peor que he hecho en mi vida.. mmm pues han sido varias cosas. Empezando por la infancia, ahí van:


1) Cuando le mordí el pie a mi hermanito porque no dejaba de llorar. Yo tenía como 6 años y él era un regordeto bebé de 8 meses. Estaba aún celosa y su llanto me desesperó a tal grado, que le mordí su patita. Obvio lloró más, y me regañaron, no fuerte porque no le hice nada, pero enseguida me sentí malvada y me arrepentí.

2) Cuando le mandé una carta anónima de extorsión a Carolina Diciacca en 3ero de primaria, en complicidad con mi mejor amiga Lourdes. Éramos las "niñas buenas" del salón, y después Carolina llorando (era un poco tonta, lo debo reconocer) fue a acusarnos con el profe, él nos regañó por angustiarla así. No sé qué tanto le dijimos en esa carta, era una verdadera estupidez, pero la chica se lo creyó. Después nos amigamos y terminamos llevándonos muy bien las 3.

3) Cuando le pusimos un huevo en la mochila a Lencho, en 2do de secundaria, también en complicidad con otra amiga, Manoli. El wey nos cagaba la madre porque nos molestaba por ser yo argentina y ella española, entonces en un recreo le pusimos un hasta aquí.. jajaja fue la peor opción porque después del recreo teníamos clase con la maestra más perra, Lilia Villegas, y no hubo clase nomás por el desmadre que se armó de "quién puso el huevo?"... jajajaj chale. Hasta se llegó al grado de amenazar con quitarle 2 puntos en una materia a TODA la secundaria si no salía el culpable (y Lilia insistía con que era un hombre, porque seguro fue un hombre el que lo hizo y no tenía los pantaloncitos para confesarlo, ja!). Mi amiga y yo cagadas de risa y de miedo. Total que a la salida fuimos derechito a la dirección a confesar (pero muy discretamente) que fuimos nosotras pero que no mamen, que no castiguen a toda la secundaria. La directora nos perdonó y dijo que de ahí no saldría, nomás que no lo volviéramos a hacer, y que le extrañó mucho de nosotras.. otra vez, éramos las "niñas buenas". Chale al cubo.


Aún hay más, señores, pero por hoy me parece suficiente... juaaa.

jueves, 19 de abril de 2007

Oohh sí, yo recuerdo..

Mi primer recuerdo es una angustia existencialista medio cabrona.

Tenía como 4 ó 5 años y me aterrorizaba la idea de que mi mamá se cortara el cabello cortito, “como varón”. Creía con vehemencia que cuando la viera por la calle simplemente no la reconocería, y al no reconocerla, ella dejaría de ser mi mamá. O sea saquen la lógica más absurda, pero yo de eso estaba convencidísima.

El planteamiento que me atravesaba la cabeza era algo parecido a lo siguiente: entonces mi mamá es mi mamá porque sé que es mi mamá? Al no saberlo, deja de serlo?

Y como una cosa lleva a la otra, pensé: bueno, y si yo no fuera yo, entonces quien sería?
…
Chan!

Yo quién carajo sería? La puta madre! ..sé quién soy, pero… en realidad quién soy? Por qué mierda yo tengo que ser yo y no soy otro/a?

(Obvio no en estas palabras. De niña jamás hablaba -ni pensaba- con groserías, y corregía a cualquier mayor que lo hiciera).

Bueno. Eso.

Que claro no es mi primer primerísimo recuerdo, tengo muuuchos otros anteriores, menos angustiosos y más casuales, simplones, como cuando me correteó una cabra bebé o cuando le dije a mi tía solterona que tenía dientes de caballo, pero la neta preferí ahondar en éste. Chale.